JESÚS QUIERE VISITAR TU VIDA

13895059_1143159079078892_1078142884594627307_nJESÚS QUIERE VISITAR TU VIDA – LA MISERICORDIA DE DIOS FRENTE A LA NECESIDAD

Jesús siempre está allí donde está el dolor. Fue al estanque de Betesda a visitar a un hombre que padecía de parálisis en sus piernas por treinta y ocho años. Jesús conocía cada uno de esos años que éste hombre había estado postrado. Sus amigos y parientes, por distintos motivos ya no estaban a su lado para hacerle compañía. Algunos se cansaron de esperar, otros simplemente no tenían tiempo para esperar el eventual milagro del ángel y se fueron. Cual sea la razón, lo cierto es que el paralítico estaba solo. Los años pasaban, los días se repetían y parecía que no había respuesta para su situación.

Jesús es Dios de los tiempos. Pasado, presente o futuro, para Dios es lo mismo porque Él está por encima de nuestras limitaciones. Cuando todas tus esperanzas se acabaron, cuando tus parientes y amigos te dejaron solo y ya no hay nadie que pueda darte una mano, ahí aparece Jesús trayendo vida, restauración y esperanza donde habita el dolor y la desolación.

Hay bendiciones preparadas de antemano para tu vida. Tienes que estar listo para cuando eso suceda, expectante, preparado para recibir tu milagro el día de la visitación. Hoy en día hay personas que se sienten identificadas con ésta historia. Muchos se sienten como el paralítico, ven a los demás siendo bendecidos en diferentes áreas de su vida, y se preguntan ¿cuándo me tocará a mí? ¡Hoy es el día para recibir ese milagro que estás esperando!

Uno de los principales frenos para la bendición de Dios es el pecado. Pecar significa errar al blanco. Cuando pecamos, nos alejamos de la voluntad de Dios, y simplemente no nos encontramos caminando por el sendero donde la bendición nos está esperando. La persona que no tiene sus cuentas arregladas con Dios, ve las bendiciones pasar de largo. Los ciclos de las visitaciones pasan, pero él no recibe el milagro. Ve como los demás son bendecidos, pero la bendición a él no llega. El libro de Juan nos cuenta que Jesús tuvo misericordia, sin importar la multiplicidad de malas decisiones que llevaron al paralítico a estar en ese estado. El Dios de amor fue al lugar donde estaba el necesitado, llegó a donde estaba aquel que veía las bendiciones pasar de largo. Ésta vez, no iba a ser necesario que se meta en el estanque justo cuando el ángel aparezca, ésta vez el Dios de los milagros lo estaba visitando a él en persona para sanarlo.

El relato finaliza contando un segundo encuentro entre éste hombre y Jesús. Ya había recibido el milagro que esperó por tantos años. Ahora podía caminar, su parálisis física había sido sanada, pero había una parálisis invisible en él que todavía necesitaba de una decisión interior de cambio, la parálisis de su corazón. Jesús se encuentra con éste hombre en el templo y le advierte: “Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.” (Juan 5:14) RVR 1960.

Para Dios no hay nada imposible. Él conoce tu necesidad y tiene la respuesta para esa situación que estás atravesando. Jesús quiere visitar tu vida para transformar hoy tu realidad. No importa si durante años has visto la bendición pasar de largo. Él es el Dios de las segundas oportunidades. Sus misericordias se renuevan cada mañana, su amor por nosotros es eterno, nada hará que eso cambie. Lo invito a humillarse delante de Dios. Busque su presencia y pida al Espíritu Santo que le muestre las áreas de su vida que necesita cambiar. En su tiempo a solas con Dios confiese su pecado, arrepiéntase de sus malas obras y apártese de ellas. Por último pídale al Espíritu Santo que lo ayude para no caer nunca más. Nuestras propias fuerzas no son suficientes para afrontar los desafíos diarios que tenemos como cristianos. Pida a Dios que renueve sus fuerzas, para que podamos decir como el Apóstol Pablo “Todo lo puedo en Cristo, que me fortalece.” (Filipenses 4:13) RVR 1960.

BIBLIA: (Juan 5:1-9, 14) RVR 1960

“Después de estas cosas había una fiesta de los judíos, y subió Jesús a Jerusalén. Y hay en Jerusalén, cerca de la puerta de las ovejas, un estanque, llamado en hebreo Betesda, el cual tiene cinco pórticos. En éstos yacía una multitud de enfermos, ciegos, cojos y paralíticos, que esperaban el movimiento del agua. Porque un ángel descendía de tiempo en tiempo al estanque, y agitaba el agua; y el que primero descendía al estanque después del movimiento del agua, quedaba sano de cualquier enfermedad que tuviese. Y había allí un hombre que hacía treinta y ocho años que estaba enfermo. Cuando Jesús lo vio acostado, y supo que llevaba ya mucho tiempo así, le dijo: ¿Quieres ser sano? Señor, le respondió el enfermo, no tengo quien me meta en el estanque cuando se agita el agua; y entre tanto que yo voy, otro desciende antes que yo. Jesús le dijo: Levántate, toma tu lecho, y anda. Y al instante aquel hombre fue sanado, y tomó su lecho, y anduvo. Y era día de reposo aquel día. (Juan 5:1-9)

“Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor.” (Juan 5:14)

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