LA OBEDIENCIA DESATA BENDICIÓN – NAAMÁN Y LA SÉPTIMA ZAMBULLIDA

LA OBEDIENCIA DESATA BENDICIÓN – NAAMÁN Y LA SÉPTIMA ZAMBULLIDA

“Si obedeces al SEÑOR tu Dios en todo y cumples cuidadosamente sus mandatos que te entrego hoy, el SEÑOR tu Dios te pondrá por encima de todas las demás naciones del mundo. Si obedeces al SEÑOR tu Dios, recibirás las siguientes bendiciones: Tus ciudades y tus campos serán benditos. Tus hijos y tus cosechas serán benditos. Las crías de tus rebaños y manadas serán benditas. Tus canastas de fruta y tus paneras serán benditas. Vayas donde vayas y en todo lo que hagas, serás bendito. El SEÑOR vencerá a tus enemigos cuando te ataquen. ¡Saldrán a atacarte de una sola dirección, pero se dispersarán por siete!” (Deuteronomio 28:1-7) NTV

No hay ningún misterio. Dios tiene preparado un camino lleno de bendiciones para aquellos que eligen caminar conforme a sus propósitos. El libro de Deuteronomio, capítulo 28 enumera una lista larga de bendiciones destinadas para quienes eligen obedecer a Dios.

Quiero destacar cuatro tipos de bendiciones que encontramos en la Biblia:

1. BENDICIONES OTORGADAS: Son las que Dios estableció para sus hijos, para quienes elegimos caminar conforme a su voluntad. Ejemplo: las que están enumeradas en el capítulo 28 de Deuteronomio.

2. BENDICIONES DEMORADAS: Son bendiciones específicas que Dios tiene preparadas de antemano para cada uno de nosotros, pero que no llegan a nuestra vida porque elegimos andar por caminos alternativos.

3. BENDICIONES PREPARADAS: Son las que Dios diseñó específicamente para cada uno de nosotros como parte de su plan divino de creación. Éstas están directamente ligadas al propósito por el cual fuimos creados. “Te conocía aún antes de haberte formado en el vientre de tu madre; antes de que nacieras, te aparté y te nombré mi profeta a las naciones.” (Jeremías 1:5) NTV

4. BENDICIONES QUE DEBES CONQUISTAR: Son respuestas a tus oraciones que ya han sido otorgadas desde el cielo, pero debido a la oposición que presentan las potestades del infierno, éstas se ven detenidas y sólo se conquistan con guerra espiritual, ayuno y oración. Ejemplo: (Daniel 10:12-13) NTV “Entonces dijo: No tengas miedo, Daniel. Desde el primer día que comenzaste a orar para recibir entendimiento y a humillarte delante de tu Dios, tu petición fue escuchada en el cielo. He venido en respuesta a tu oración; pero durante veintiún días el espíritu príncipe del reino de Persia me impidió el paso. Entonces vino a ayudarme Miguel, uno de los arcángeles, y lo dejé allí con el espíritu príncipe del reino de Persia.”

El requisito previo a la obediencia es la humildad. La bendición de Dios viene cuando encuentra un corazón humilde, dispuesto a obedecerle. El orgullo es una barrera que frena la mano de Dios. Es importante que entienda esto, el orgullo tiene su raíz en la rebelión del hombre. Aquel que es orgulloso, le está diciendo a Dios: “yo puedo solo. No te necesito.”

¡LA BENDICIÓN DE DIOS NO SE COMPRA! Se recibe por obediencia y por gracia. En el capítulo 5 del libro 2 Reyes, leemos la historia de Naamán, el comandante del ejército sirio que sufría lepra. Viajó a Israel para encontrarse con el profeta Eliseo buscando su sanidad. Llevaba consigo 40 kilos de plata, 68 kilos de oro y 10 mudas de ropa como paga por el milagro. Pero no pudo entregar a cambio una sola moneda. Los únicos requisitos necesarios para recibir el milagro fueron dos: HUMILDAD Y OBEDIENCIA. Él debía vencer su propio orgullo, obedecer a la palabra del profeta, y creer que luego de la séptima zambullida recibiría el milagro. No hay dinero alguno que usted pueda entregar a cambio de la bendición de Dios. Con Dios no se negocia, la bendición se recibe por obediencia y gracia.

¿Está usted esperando un milagro del cielo?, ¿quiere recibir las bendiciones preparadas de antemano para su vida? Comience a caminar tomado de la mano de Dios y sus promesas. Lleve adelante una vida de entrega personal y obediencia. Recuerde, la bendición de Dios no se recibe por fuerza ni por obra. No es necesario que usted haga sacrificios por Él. El máximo sacrificio ya fue hecho por nosotros en la cruz del calvario. No hay nada que podamos hacer para justificar nuestra salvación. Su gracia y amor nos cubren en éste día para que podamos recibir toda bendición del cielo. Dios solamente pide a cambio fe, humildad, obediencia y nuestro corazón. Porque allí donde está tu corazón, está tu tesoro.

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