Categoría: Mensajes

  • PIEDRAS VIVAS

    PIEDRAS VIVAS

    PIEDRAS VIVAS

    Nuestras vidas son un instrumento que sirve para edificar el reino de Dios en la Tierra. Cristo es la piedra principal, y nosotros junto con él colaboramos en la construcción. Es interesante recordar que la mayor parte del ministerio de Cristo fue llevado a cabo en las calles. Resulta llamativo si lo comparamos con la vida cristiana del siglo XXI, donde las organizaciones, las iglesias, y los edificios de reunión acapararon la centralidad en el desarrollo de la vida cristiana.
    La Biblia dice en (1 Pedro 2:5) lo siguiente:

    “Y ustedes son las piedras vivas con las cuales Dios edifica su templo espiritual. Además, son sacerdotes santos. Por la mediación de Jesucristo, ustedes ofrecen sacrificios espirituales que agradan a Dios.” NTV

    ¿Qué significa ser una piedra viva del templo de Dios? ¿Cuál es el llamado que siempre hemos tenido?

    La piedra sirve para establecer cimientos y para edificar. Pero no somos elementos inertes que formamos parte de un decorado o una pared. No estamos llamados a ser un ladrillo más del templo, permaneciendo inmóviles frente a la necesidad de este mundo. Por el contrario la Biblia nos llama “piedras vivas”, material vivo que Dios utiliza para edificar su templo. En ese sentido, nuestro primer llamado es a restaurar, levantar y edificar a todo aquel que no conoce a Cristo aún, “la piedra viva principal del templo de Dios” (1 Pedro 2:4). Glorificamos a Dios cuando mostramos su amor a los demás, cuando brillamos en un mundo de oscuridad, cuando nos volvemos “la sal de la vida” que brinda sabor a todo lo que nos rodea.
    Como sacerdotes, tenemos la facultad de vincular al hombre con Dios. Somos mediadores entre el cielo y la tierra, y representamos de mejor manera el carácter de Cristo cuando imitamos su ejemplo: haciendo milagros, sanando a los enfermos, liberando a quienes están cautivos en prisiones espirituales, mostrando el amor de Dios por el mundo.
    Así como Dios tuvo misericordia de nosotros y nos rescató del camino de muerte por el que andábamos, de la misma manera nosotros debemos hacer con el prójimo. El corazón de Dios no es indiferente, no pasa de largo ante la necesidad, Dios no abandona. El mejor ejemplo de esto lo enseña Jesús con la parábola del “buen samaritano”.

    “Entonces pasó un samaritano despreciado y, cuando vio al hombre, sintió compasión por él. Se le acercó y le alivió las heridas con vino y aceite de oliva, y se las vendó. Luego subió al hombre en su propio burro y lo llevó hasta un alojamiento, donde cuidó de él. Al día siguiente, le dio dos monedas de plata al encargado de la posada y le dijo: “Cuida de este hombre. Si los gastos superan esta cantidad, te pagaré la diferencia la próxima vez que pase por aquí”. (Lucas 10:33-35) NTV

    El samaritano no pasó de largo, se detuvo y ejerció el verdadero sacerdocio. Él tuvo compasión por el dolor ajeno. Dejó todo lo que estaba haciendo y suplió la necesidad. Dedicó tiempo y cuidado para sanar las heridas. Se hizo cargo, pagó un precio. Ése es el verdadero sacerdocio. En ese momento, el samaritano se convirtió en una “piedra viva” del templo de Cristo, llevando su amor y misericordia allí donde estaba la necesidad inmediata.

    Un día Jesús se detuvo por tu vida. El señor cuando te vio no pasó de largo. Te cargó en sus brazos, limpió tus heridas, te dedicó tiempo y pagó por vos, el precio más alto que jamás se haya pagado (precio de cruz). Entregó su vida para rescatar la tuya, por amor a vos.

    No nos cansemos de hacer el bien porque a su tiempo segaremos. El verdadero cristiano muestra el amor de Dios y su misericordia en la calle, allí donde está la necesidad. El verdadero sacerdocio se experimenta cuando damos a otros de la misma manera que Dios nos dio a nosotros. Por lo tanto:
    Si recibimos amor, de la misma manera debemos amar.
    Si recibimos perdón, de la misma manera debemos perdonar.
    Si Dios tuvo compasión de nosotros, de la misma manera debemos tener compasión por los demás.
    Si Dios tiene paciencia con nosotros, y nos cuida con amor y dedicación, de la misma manera nosotros debemos ejercitar esa paciencia para con los demás, cuidando de las almas con amor y dedicación.

    En esta semana Dios va a poner un “prójimo en tu camino”, alguien a quien los demás ignoran pasando de largo, alguien con necesidad. Haz con él como Dios hizo contigo, detén tu marcha y ten misericordia de él. Te sorprenderás al ver cómo Dios utiliza tu vida. Permite que el amor de Dios pase a través de tus manos, y conviértete en una “piedra viva”.

    “Así que no nos cansemos de hacer el bien. A su debido tiempo, cosecharemos numerosas bendiciones si no nos damos por vencidos. Por lo tanto, siempre que tengamos la oportunidad, hagamos el bien a todos, en especial a los de la familia de la fe.” (Gálatas 6:9-10) NTV

  • EL MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO

    EL MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO

    EL MINISTERIO DEL ESPÍRITU SANTO

    “Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.” (Filipenses 1:6) NTV

    Dios hace todas las cosas completas, nunca deja cosas por la mitad. El Espíritu Santo es la promesa de Dios que fue anunciado siglos atrás antes de la venida de Cristo. Hay distintos nombres que la Biblia menciona sobre el Espíritu Santo. Ellos nos ayudan a entender su función y carácter. La Biblia lo nombra como el Pacificador, el Consolador, el Ayudador, Consejero, pero en definitiva estamos hablando de la persona de Cristo viviendo en nuestro interior.

    “Entonces Cristo habitará en el corazón de ustedes a medida que confíen en él. Echarán raíces profundas en el amor de Dios, y ellas los mantendrán fuertes.” (Efesios 3:17) NTV

    Cuando el Espíritu Santo llega a nuestras vidas, nos cambia de adentro hacia afuera, convirtiendo nuestro ser en una fuente de agua viva para dar vida a los demás, a fin de establecer el reino de Dios en la Tierra. Él vino a completar la obra de Dios en nosotros. Somos transformados para cumplir su propósito.

    “En el último y gran día de la fiesta, Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva.” (Juan 7:37) NTV

    Si hay algo en nuestras vidas que hasta el día de hoy no ha sido transformado, no es culpa del Espíritu Santo. Como individuos libres, Dios nos ha dotado con autodeterminación y voluntad para decidir. Por lo general somos nosotros mismos quienes negamos el acceso al Espíritu Santo a determinadas áreas de nuestro ser. Esa falta de “permisos”, también conocidas como “áreas no consagradas”, impiden que el Espíritu Santo nos cambie, y paralizan nuestro proceso de transformación.
    Hay personas que creen que la llenura del Espíritu Santo es sólo para “algunos elegidos”, sin embargo eso no es lo que la Biblia nos enseña. TODOS podemos ser llenos del Espíritu Santo, si abrimos nuestro corazón y le damos lugar a El.

    “Entonces, después de hacer todas esas cosas, derramaré mi Espíritu sobre toda la gente. Sus hijos e hijas profetizarán. Sus ancianos tendrán sueños y sus jóvenes tendrán visiones.” (Joel 2:28) NTV

    Esta es la promesa de Jesús para nuestras vidas:

    “No los abandonaré como a huérfanos; vendré a ustedes. Dentro de poco, el mundo no me verá más, pero ustedes sí me verán. Dado que yo vivo, ustedes también vivirán.” (San Juan 14:18-19) NTV

    La Iglesia de Dios necesita ver la manifestación del poder del Espíritu Santo todos los días. Si Dios está presente, su gloria y su poder también lo están.

    “El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para anunciar buenas nuevas a los pobres. Me ha enviado a proclamar libertad a los cautivos y dar vista a los ciegos, a poner en libertad a los oprimidos.” (Lucas 4:18) NVI

    “Y si el Espíritu de aquel que levantó a Jesús de entre los muertos vive en ustedes, el mismo que levantó a Cristo de entre los muertos también dará vida a sus cuerpos mortales por medio de su Espíritu, que vive en ustedes.” (Romanos 8:11) NVI

  • EL VERDADERO SACERDOCIO

    EL VERDADERO SACERDOCIO

    EL VERDADERO SACERDOCIO

    ¿Qué significa ser un sacerdote en el siglo XXI? ¿Cómo y de qué manera podemos servir a Dios en nuestra vida cotidiana?

    Los discípulos de Jesús convivían con el, caminaban junto a el y lo acompañaban a donde sea que el fuera. Estaban presente cuando Jesús hacía milagros, cuando sanaba a los enfermos y cuando resucitó a Lázaro de la muerte. Sin embargo, muchas de las enseñanzas que Jesús les transmitió, no fueron comprendidas por los discípulos sino mucho tiempo después de la muerte y resurección de Cristo, con la venida del Espíritu Santo.
    En primer lugar, la razón número uno por la que Cristo vino a la Tierra es para SALVAR al mundo. También vino para SANAR los corazónes y toda dolencia física. Vino para LIBERAR las almas cautivas y para DESHACER todas las obras del diablo. Jesús como Sumo Sacerdote, vino a SERVIR a los demás, y vino a ESTABLECER el reino de Dios, ENVIANDO a sus discípulos hasta lo último de la Tierra.
    Por el contrario, el objetivo de Satanás y sus demonios siempre ha sido ROBAR, MATAR y DESTRUIR, TENTAR y CONDENAR. Esto sucede desde la creación del hombre en el Huerto del Edén hasta la actualidad, es una matriz espiritual que se viene repitiendo por miles de años. El mundo entero sufre y vive esta confrontación permanentemente. Nuestro deber como hijos de Dios y verdaderos discípulos de Cristo es imitar su ejemplo, llevando luz allí donde hay tinieblas, liberando las almas cautivas.

    El verdadero sacerdocio es aquel que deshace las obras del diablo.

    “Él anuló el acta con los cargos que había contra nosotros y la eliminó clavándola en la cruz. De esa manera, desarmó a los gobernantes y a las autoridades espirituales. Los avergonzó públicamente con su victoria sobre ellos en la cruz.” (Colosenses 2:14-15) NTV

    Allí donde esté presente el reino de Dios confrontará siempre con el reino de las tinieblas. No pueden coexistir ambos en un mismo espacio. Donde hay luz, las tinieblas retroceden.

    En una oportunidad llevaron a Jesús a un joven poseido a quien sus discípulos no podían liberar (Marcos 9:14-29). Cuando lo pusieron frente a Jesús, simplemente dió la orden, y el espíritu inmundo salió de el. Más tarde, los discípulos le preguntaron a Jesús por qué ellos no habían podido liberar al joven, Jesús respodió: “Este género con nada puede salir, sino con oración y ayuno.”
    La iglesia de Cristo es poderosa y victoriosa, se mueve en lo sobrenatural con poder de lo alto para deshacer toda obra del infierno. Jesús es la cabeza, y nosotros como Iglesia somos su cuerpo, que camina la ciudad, entrando en cada barrio, en cada casa, anunciando las buenas noticias, sanando a los enfermos, liberando a los cautivos y estableciendo el reino de los cielos en la tierra. Ese es el verdadero sacerdocio, un sacerdocio ungido con poder.

    “Dios ha puesto todo bajo la autoridad de Cristo, a quien hizo cabeza de todas las cosas para beneficio de la iglesia. Y la iglesia es el cuerpo de Cristo; él la completa y la llena, y también es quien da plenitud a todas las cosas en todas partes con su presencia.” (Efesios 1:22-23) NTV

  • CAMBIANDO LA MALDICIÓN POR BENDICIÓN

    CAMBIANDO LA MALDICIÓN POR BENDICIÓN

    CAMBIANDO LA MALDICIÓN POR BENDICIÓN

    Quienes estamos en Cristo vivimos en bendición, cubiertos por la gracia y el amor de Dios. Somos lo que Dios dice que somos, y caminamos tomados de sus promesas. Ninguna maldición tiene lugar contra nuestras vidas, la sangre de Cristo nos cubre y su protección nos rodea permanentemente.
    En el mundo espiritual hay leyes eternas inquebrantables ante las cuales todo lo creado, (tanto lo visible como lo invisible) debe sujetarse. La cobertura de Dios está sobre su pueblo, somos propiedad suya, gozamos de inmunidad celestial por medio de la sangre de Cristo.

    “Ninguna maldición puede tocar a Jacob; ninguna magia ejerce poder alguno contra Israel. Pues ahora se dirá de Jacob: “¡Qué maravillas ha hecho Dios por Israel!”. (Números 23:23) NTV

    Cuando el pueblo de Dios salió de Egipto, tuvo que atravesar el desierto durante 40 años hasta llegar a la “tierra prometida”. En el trayecto, libraron grandes batallas contra naciones enemigas que buscaban su destrucción. Sin embargo, la mano de Dios estuvo siempre a favor de su pueblo. El libro de Números, capítulo veintidós nos cuenta la historia de dos naciones que se aliaron contra Israel. El rey de Moab junto a los madianitas contrataron a un profeta para que maldiga al pueblo de Dios en tres ocasiones diferentes, y en cada una de ellas Dios transformó la maldición por bendición. Esto fue lo que el profeta le respondió al rey de Moab:

    “Escucha, yo recibí la orden de bendecir; ¡Dios ha bendecido, y yo no puedo revertirlo! Ninguna desgracia está en su plan para Jacob; ningún problema espera a Israel. Pues el Señor su Dios está con ellos; él ha sido proclamado su rey.” (Números 23:20-21) NTV

    Esta es la palabra de Dios para su vida: aquello que Dios ha bendecido, el enemigo no lo puede maldecir. Pero así como gozamos de inmunidad espiritual siendo hijos de Dios y ninguna maldición puede tocar nuestras vidas, también tenemos obligaciones y responsabilidades.

    Obligación: como representantes del cielo en la tierra de llevar a cabo su buena voluntad, ese es el propósito de su investidura, protección, gracia y amor.
    Responsabilidad: personal de no abrir voluntariamente puertas en nuestro interior que den lugar al enemigo. La cobertura de Dios es real, eficaz y eficiente, pero nosotros mismos también podemos decidir participar de situaciones en las que libremente invitamos al enemigo a nuestro campamento. “Como gorrión perdido o golondrina sin nido, la maldición sin motivo jamás llegará a su destino.” (Proverbios 26:2) DHH

    “No prevalecerá ninguna arma que se forje contra ti; toda lengua que te acuse será refutada. Esta es la herencia de los siervos del Señor, la justicia que de mí procede —afirma el Señor—.” (Isaías 54:17) NVI

  • ¿CÓMO ACTIVAR LAS BENDICIONES DE DIOS EN TU VIDA?

    ¿CÓMO ACTIVAR LAS BENDICIONES DE DIOS EN TU VIDA?

    ¿CÓMO ACTIVAR LAS BENDICIONES DE DIOS EN TU VIDA?
    A menudo la gente me pregunta: ¿Pastor Olier, qué debo hacer para recibir la bendición de Dios? La respuesta es muy simple, primero antes que nada debe recibir a Jesús en su corazón. El gran amor de nuestro Padre celestial por nosotros es el fundamento de todas las bendiciones que recibimos, y el sacrificio de su Hijo en la cruz nos otorga una nueva vida en la cual podemos recibir, activar y experimentar TODAS sus bendiciones.

    “Toda la alabanza sea para Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien nos ha bendecido con toda clase de bendiciones espirituales en los lugares celestiales, porque estamos unidos a Cristo. Incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a sus ojos.” (Efesios 1:3-4) NTV

    La bendición viene de arriba, viene del cielo. Ninguna cosa terrenal puede darnos lo que solamente Dios puede otorgar. Fuimos bendecidos con “toda clase de bendiciones espirituales…” entonces, ¿por qué algunos cristianos no pueden experimentarlas aún? Dios no tiene hijos favoritos, El nos ama a todos por igual. El quiere que usted experimente Su bendición plena en cada área de la vida, no se conforme con “algunas”.

    “Es más, dado que estamos unidos a Cristo, hemos recibido una herencia de parte de Dios, porque él nos eligió de antemano y hace que todas las cosas resulten de acuerdo con su plan.” (Efesios 1:11) NTV

    Las bendiciones de Dios se activan creyendo en FE, y actuando en OBEDIENCIA. El libro de Deuteronomio capítulo 28, enumera una larga lista de bendiciones destinadas a los hijos de Dios que caminan en obediencia. Estas bendiciones son herencia nuestra, debemos creerlas, reclamarlas y ponerlas por obra en nuestras vidas.

    “Si obedeces al Señor tu Dios en todo y cumples cuidadosamente sus mandatos que te entrego hoy, el Señor tu Dios te pondrá por encima de todas las demás naciones del mundo. Si obedeces al Señor tu Dios, recibirás las siguientes bendiciones:…”

    Aquel que nos amó primeramente aun sin que nosotros lo conozcamos, es también aquel que nos bendijo con toda bendición espiritual. Estas bendiciones que hemos recibido tienen un propósito, somos bendecidos para bendecir. En otras palabras, hay bendiciones específicas que se activan cuando comenzamos a caminar en el propósito por el cual fuimos creados. En ese momento, nuestra vida se convierte en un canal de bendición y transformamos la realidad a nuestro alrededor por medio de su Espíritu.
    ¿Se puede perder la bendición? Si, la perdemos cuando no aceptamos lo que Dios dice de nosotros en su Palabra. Al hacer eso, renunciamos voluntariamente a todas sus bendiciones, renunciamos a nuestra herencia. Solo cuando comprendemos el gran amor y la misericordia de Dios por nosotros, podemos experimentar todas sus bendiciones.
    Cuando Jesús viene a nuestras vidas y nos transforma, ya nada es igual. La vida adquiere otro color, las prioridades cambian, tenemos una nueva perspectiva y comenzamos a entender que semejante regalo recibido no puede ser sólo para nosotros, es para todos. Cristo dio su vida para reconciliar al mundo entero con Dios. Ese es nuestro propósito en la vida, amar a los demás como Cristo nos amó. Llevar las bendiciones de Dios a los demás. Traer el cielo a la Tierra, para que la justicia, la paz y el gozo de Dios sea una realidad palpable en cada uno de los corazones. ¿CÓMO ACTIVAR LAS BENDICIONES DE DIOS EN TU VIDA?
  • ROMPIENDO MALDICIONES

    ROMPIENDO MALDICIONES

    ROMPIENDO MALDICIONES

    “Como el gorrión en su vagar, y como la golondrina en su vuelo, Así la maldición nunca vendrá sin causa.” (Proverbios 26:2) RVR 1960

    Todos los domingos en nuestros servicios de la mañana, tarde y noche, oramos por sanidad, milagros y liberación. El mismo Dios que hacía milagros, que sanaba a los enfermos, que liberaba a los cautivos, esta vivo y sigue obrando hoy. Jesús es quien venció al pecado, al mundo y llevó cautiva a la cautividad. El se hizo maldición por nosotros al ser crucificado en la cruz del calvario, y venció a la muerte para que nosotros tengamos bendición y vida eterna.

    “Pero Cristo nos ha rescatado de la maldición dictada en la ley. Cuando fue colgado en la cruz, cargó sobre sí la maldición de nuestras fechorías. Pues está escrito: «Maldito todo el que es colgado en un madero».” (Gálatas 3:13) NTV

    Es importante conocer la causa de la maldición, ya que cuando conocemos la fuente podemos tomar la decisión consciente de cancelarla, destruirla y revertirla. Pero es aún más importante saber que en Cristo somos nueva criatura, hemos nacido de nuevo, somos hijos de Dios y herederos de toda bendición, por lo tanto la maldición no tiene autoridad sobre nuestras vidas (Romanos 8:17).

    5 PASOS PARA ROMPER UNA MALDICIÓN:

    1. LA BENDICIÓN: La bendición de Dios rompe toda maldición. Por medio de Cristo somos bendecidos, por su justicia somos justos, de manera que ninguna condenación hay para los que estamos en Cristo Jesús.

    “ Al que no conoció pecado, por nosotros lo hizo pecado, para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en él.” (2 Corintios 5:21) RVR 1960

    2. LA ESPADA DEL ESPÍRITU: La Biblia es la palabra de Dios. Cuando usted la abre, y declara sus promesas, creyéndolas en fe, aplicándolas en su vida personal, el poder sobrenatural de Dios se libera y toda maldición es cortada.

    “Pues la palabra de Dios es viva y poderosa. Es más cortante que cualquier espada de dos filos; penetra entre el alma y el espíritu, entre la articulación y la médula del hueso. Deja al descubierto nuestros pensamientos y deseos más íntimos.” (Hebreos 4:12) NTV

    3. EL NOMBRE DE JESÚS: Hay poder sobrenatural, extraordinario y sin límites en el nombre de Jesús.
    “Les digo la verdad, todo el que crea en mí hará las mismas obras que yo he hecho y aún mayores, porque voy a estar con el Padre. Pueden pedir cualquier cosa en mi nombre, y yo la haré, para que el Hijo le dé gloria al Padre”. (Juan 14:12-13) NTV
    “Por lo tanto, Dios lo elevó al lugar de máximo honor y le dio el nombre que está por encima de todos los demás nombres para que, ante el nombre de Jesús, se doble toda rodilla en el cielo y en la tierra y debajo de la tierra, y toda lengua declare que Jesucristo es el Señor para la gloria de Dios Padre”. (Filipenses 2:9-11) NTV
    “Cuando los setenta y dos discípulos regresaron, le informaron llenos de alegría: —¡Señor, hasta los demonios nos obedecen cuando usamos tu nombre! —Sí —les dijo—. Vi a Satanás caer del cielo como un rayo. Miren, les he dado autoridad sobre todos los poderes del enemigo; pueden caminar entre serpientes y escorpiones y aplastarlos. Nada les hará daño.” (Lucas 10:17-19) NTV
    4. LA UNCIÓN DEL ESPÍRITU SANTO: La unción es el respaldo del cielo sobre la vida de un cristiano a través del Espíritu Santo. Si usted siente que hay un área en particular en su vida sobre la que todavía no ha ganado autoridad, pida ayuda a los lideres de la iglesia para que oren por usted. La presencia de Dios rompe todo yugo de maldición.

    “Acontecerá en aquel tiempo que su carga será quitada de tu hombro, y su yugo de tu cerviz, y el yugo se pudrirá a causa de la unción.” (Isaías 10:27) RVR 1960

    5. ACTOS PROFÉTICOS: Los actos proféticos son acciones materiales llevadas a cabo en fe y obediencia a una Palabra concreta recibida de parte de Dios para una situación específica. En la Biblia hay muchos ejemplos de esto, Moisés convirtiendo las aguas amargas de la región de Mara en agua dulce, Josué y el pueblo de Israel rodeando las murallas de Jericó hasta que cayeron, el profeta Eliseo y las tinajas de aceite. En esta oportunidad quiero hablar acerca del acto profético que realizó el profeta Eliseo para revertir una maldición de muerte y esterilidad que pesaba sobre la tierra y el agua de la ciudad de Jericó. (2 Reyes 2:19-22) NTV
    “Cierto día, los líderes de la ciudad de Jericó fueron a visitar a Eliseo. —Tenemos un problema, señor —le dijeron—. Como puedes ver, esta ciudad está situada en un entorno agradable, pero el agua es mala y la tierra no produce. Eliseo dijo: —Tráiganme un recipiente nuevo y pónganle sal. Así que se lo llevaron y Eliseo fue hasta el manantial que suministraba el agua a la ciudad, le echó la sal y dijo: «Esto dice el Señor: “Yo he purificado el agua, ya no causará muerte ni esterilidad. Desde entonces el agua quedó pura, tal como dijo Eliseo.”

    ORACIÓN FINAL:

    Si sospechas que en tu vida hay una maldición, o quizás detectas ciertas áreas en las que te has detenido y no puedes avanzar, te invito a que repitas conmigo esta oración en voz alta:
    Señor Jesús, acepto hoy el sacrificio que realizaste por mí en la cruz del calvario, y te recibo en mi corazón como Señor y Salvador. Fue tu sacrificio el que me hizo libre de toda maldición y condenación. Fue tu justicia la que hoy me hace justo. Por tus llagas fui sanado, y por medio de tu sangre soy limpio de todo pecado. Tomo autoridad como hijo de Dios, y el nombre de Jesús, hoy cierro la puerta a toda maldición sobre mi vida. Anulo toda obra del infierno, todo plan que haya sido creado para frenar mi propósito en la tierra, lo deshago en el poderoso nombre de Jesús. ¡Declaro que ninguna maldición tocará mi vida, ni mi familia! Cristo me ha hecho libre. Soy bendecido por Dios porque soy su hijo y coheredero juntamente con Cristo. Y en este día declaro esta palabra sobre mi vida y mi familia:
    “Los que viven al amparo del Altísimo encontrarán descanso a la sombra del Todopoderoso. Declaro lo siguiente acerca del Señor: Solo él es mi refugio, mi lugar seguro; él es mi Dios y en él confío. Te rescatará de toda trampa y te protegerá de enfermedades mortales. Con sus plumas te cubrirá y con sus alas te dará refugio. Sus fieles promesas son tu armadura y tu protección. No tengas miedo de los terrores de la noche ni de la flecha que se lanza en el día. No temas a la enfermedad que acecha en la oscuridad, ni a la catástrofe que estalla al mediodía. Aunque caigan mil a tu lado, aunque mueran diez mil a tu alrededor, esos males no te tocarán. Simplemente abre tus ojos y mira cómo los perversos reciben su merecido. Si haces al Señor tu refugio y al Altísimo tu resguardo, ningún mal te conquistará; ninguna plaga se acercará a tu hogar. Pues él ordenará a sus ángeles que te protejan por donde vayas. Te sostendrán con sus manos para que ni siquiera te lastimes el pie con una piedra. Pisotearás leones y cobras; ¡aplastarás feroces leones y serpientes bajo tus pies! El Señor dice: «Rescataré a los que me aman; protegeré a los que confían en mi nombre. Cuando me llamen, yo les responderé; estaré con ellos en medio de las dificultades. Los rescataré y los honraré. Los recompensaré con una larga vida y les daré mi salvación.” (Salmo 91) NTV
  • LUCHANDO POR LA BENDICIÓN

    LUCHANDO POR LA BENDICIÓN

    LUCHANDO POR LA BENDICIÓN

    Hay bendiciones en la vida que tenemos que pelearlas hasta conseguirlas, hay que lucharlas hasta que sean otorgadas. Otras, las recibimos por gracia y misericordia de Dios, no todas son iguales. La Biblia dice en el libro de Mateo, capítulo 7 versículo 7 y 8:

    “Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá. Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta.” NTV

    Algunas bendiciones se conquistan, no llegan solas porque sí. Cuando usted vea a un hombre de Dios, a una mujer bendecida, verá los frutos de su trabajo, la cosecha de años de esfuerzo y dedicación. Detrás de toda persona bendecida hay muchas batallas ganadas en soledad, noches enteras sin dormir buscando el rostro de Dios, venciendo debilidades propias, conquistando temores que los atormentaban.
    Uno de los personajes bíblicos emblemáticos que mejor grafican este punto en la Biblia es Jacob. Pagó un precio muy alto para obtener de manera fraudulenta la bendición de su padre. Tuvo que sufrir el destierro, escapando a tierras lejanas donde trabajó durante veinte años para su suegro Labán. A lo largo de todo ese tiempo el carácter y la persona de Jacob fueron trabajados por Dios. Vivió en carne propia el fruto de su engaño, y aprendió la diferencia entre cosechar bendiciones y maldiciones en su vida.
    Llegó el momento de volver a la casa de su padre, y allí estaría esperándolo su hermano Esaú, a quien Jacob le había robado la bendicion veinte años atrás. Seguramente esperaba lo peor de ese encuentro, motivo por el cual envió mensajeros con regalos delante suyo anticipando su llegada, esperando de esa manera templar los ánimos de venganza de su hermano.
    Cuando los mensajeron volvieron transmitieron este mensaje a Jacob:

    “Nos encontramos con su hermano Esaú y ya viene en camino a su encuentro, ¡con un ejército de cuatrocientos hombres!” (Génesis 32:6) NTV

    Hay una ley espiritual universal y eterna establecida por Dios, la ley de la siembra y la cosecha. Jacob había aprendido esto trabajando para su suegro. Trabajó siete largos años para poder casarse con la mujer que amaba y el día de la boda, su suegro lo engaña entregándole a su hija mayor. Tuvo que trabajar siete años más para poder casarse con la hija menor.
    Jacob vivía una vida prestada, con bendiciones que no eran de él, las había robado a su hermano y su padre por medio del engaño. Aquel que no tiene una bendición legítima, todo le cuesta el doble. Dios estaba trabajando en su corazón, el sabía que de alguna manera todo lo que estaba viviendo era la cosecha de su mala siembra del pasado. La lección que Jacob aún no conocía y estaba por conocer era la gracia inmerecida de Dios.

    “Entonces Jacob se quedó solo en el campamento, y llegó un hombre y luchó con él hasta el amanecer.” (Génesis 32:24) NTV

    ¿Cuántas noches de angustia hemos vivido? Sin poder dormir, dando vueltas en la cama, peleando con la almohada, o despiertos solos en algún rincón de la casa buscando a Dios en oración, pidiendo a gritos su intervención. Nuestra lucha no es con la vida, tampoco es contra las personas que nos rodean. Nuestra verdadera lucha es con nuestro interior, con el viejo hombre que se niega a ser transformado. Hable con Dios, abra su corazón para ser moldeado por el. La bendición de Dios viene como consecuencia de un corazón dispuesto a ser cambiado.

    Luego el hombre le dijo: —¡Déjame ir, pues ya amanece! —No te dejaré ir a menos que me bendigas —le dijo Jacob. —¿Cómo te llamas? —preguntó el hombre. —Jacob —contestó él. —Tu nombre ya no será Jacob —le dijo el hombre—. De ahora en adelante, serás llamado Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. (Génesis 32:26-28) NTV

    Jacob fue mudado en su interior. Su nombre cambió, su corazón cambió, a partir de ese momento fue llamado Israel. Cuando Dios toca tu vida te cambia para siempre, por dentro y por fuera.

    Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. (Génesis 32:30) RVR 1960

    Luego de haber recibido la bendición de Dios, el sol salió para Israel. Comenzó un nuevo día, una nueva vida en Dios. La gracia de Dios había alcanzado su vida, Jacob era un hombre nuevo, su alma fue librada.
    Israel alzó sus ojos y vió a su hermano Esaú acercándose junto a cuatrocientos guerreros.

    “Entonces Esaú corrió a su encuentro y lo abrazó, puso los brazos alrededor de su cuello y lo besó. Y ambos lloraron.” (Génesis 33:4) NTV

    Hay una nueva mañana para tu vida, un nuevo día esperando ser vivido para todo aquel que se deja moldear por Dios. Cuando sale el sol de justicia toda tiniebla se desvanece. Nace un nuevo día tomados de la mano de Dios, nuestra esperanza eterna.

  • EL TALLER DEL MAESTRO

    EL TALLER DEL MAESTRO

    EL TALLER DEL MAESTRO
    Todo gran artista sabe que su obra no es inmediata. Por lo general las grandes obras de arte llevan meses de trabajo invertidos, años y en algunos casos toda una vida para poder completarlas. Lo mismo sucede con nuestras vidas, somos obras de arte en constante y permanente proceso de construcción. Ingresamos al taller del Maestro cuando recibimos a Jesús en nuestro corazón, y a partir de ese momento sus herramientas nos van moldeando hasta que lleguemos a la altura del varón perfecto.

    “Y estoy seguro de que Dios, quien comenzó la buena obra en ustedes, la continuará hasta que quede completamente terminada el día que Cristo Jesús vuelva.” (Filipenses 1:6) NTV

    7 TAREAS QUE EL MAESTRO REALIZA EN NOSOTROS:

    1. RESTAURACIÓN: El primer trabajo del Maestro en nuestro ser es la restauración. El debe reparar todo aquello que fue dañado en nuestro interior, producto de las malas decisiones que tomamos antes de conocerlo. Independientemente de cuáles hayan sido los errores cometidos en el pasado, Dios hace nuevas todas las cosas. El te vuelve a su plan original, restaurando tu vida, tu familia, tus relaciones, tu economía, tu propósito en la tierra y tu ministerio. Los días y años que perdiste caminando sin rumbo por la vida, Dios los restaura. Nada queda fuera de su diseño original.
    2. PROFECÍA: Cuando conocemos a Dios, El habla a nuestros corazones y por primera vez comenzamos a escuchar su voz declarando vida, restauración y victoria allí donde antes había muerte, destrucción y derrota. Cuando Dios habla los cielos se estremecen, la tierra tiembla y el infierno se sacude. Toda lo creado, tanto lo visible como lo invisible están bajo su gobierno, y tienen la orden de cumplir su mandato. No importa lo que el enemigo haya preparado contra tu vida, si Dios habló las obras del enemigo se deshacen y el plan de Dios se cumple.
    3. PURIFICACIÓN: Dios limpia nuestras vidas de todo pecado cometido en el pasado. Aquello que ocupaba un lugar equivocado en nuestro corazón es removido, y Dios reordena nuestras prioridades.

    “Entonces los rociaré con agua pura y quedarán limpios. Lavaré su inmundicia y dejarán de rendir culto a ídolos.” (Ezequiel 36:25) NTV

    4. UN CORAZÓN NUEVO: El Maestro hace nuevas todas las cosas. El coloca un corazón nuevo en nuestro interior y pone la predisposición para hacer su buena voluntad.

    “Les daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de ustedes. Les quitaré ese terco corazón de piedra y les daré un corazón tierno y receptivo.” (Ezequiel 36:26) NTV

    5. UN ESPÍRITU NUEVO: Dios pone su Espíritu dentro nuestro. Es un Espíritu de poder, de amor y de dominio propio.

    “Pondré mi Espíritu en ustedes para que sigan mis decretos y se aseguren de obedecer mis ordenanzas.” (Ezequiel 36:27) NTV

    6. SOMOS PROPIEDAD DE DIOS: Cuando nacemos de nuevo Dios coloca su sello sobre nosotros, somos propiedad suya. Nuestro Padre celestial se encarga de nosotros, El es responsable, El nos cuida, El es quien prospera y guarda nuestras vidas. La propiedad de Dios establece límites sobre la enfermedad, sobre la pobreza, sobre el ladrón y el devorador. Les dice: hasta aquí llegaste, no puedes pasar.

    “Él nos ungió, nos selló como propiedad suya y puso su Espíritu en nuestro corazón, como garantía de sus promesas.” (2 Corintios 1:22) NVI

    7. SOMOS PROSPERADOS: La prosperidad es una consecuencia de la bendición de Dios sobre tu vida. El hace completas todas las cosas, nada queda a medio camino, nada queda sin terminar.

    “La bendición del Señor es la que enriquece, Y El no añade tristeza con ella.” (Proverbios 10:22) NBLH

    “Entonces las naciones vecinas que hayan sobrevivido sabrán que yo, el Señor, reedifiqué lo que estaba en ruinas y volví a sembrar la tierra baldía. Pues yo, el Señor, lo he dicho, y cumpliré mi palabra.” (Ezequiel 36:36) NTV

    Dios hace nuevas todas las cosas, El es el Dios de las nuevas oportunidades. Tu vida en las manos de Dios cobra sentido. Tu vida en las manos del Creador recobra su propósito original y forma parte de la gran obra de arte eterna que Dios ha creado, está haciendo ahora mismo y hará.

  • VENCIENDO LAS TORMENTAS DE LA VIDA

    VENCIENDO LAS TORMENTAS DE LA VIDA

    VENCIENDO LAS TORMENTAS DE LA VIDA

    Muchas veces nos preguntamos ¿por qué nos toca vivir determinada situación? o ¿por qué tenemos que atravesar por tormentas en la vida? Es natural pretender vivir siempre de la mejor manera, sin problemas ni conflictos, pero a menudo Dios utiliza esas mismas circunstancias contrarias para llevar nuestra vida a un nuevo nivel de autoridad y crecimiento.
    Jesús nos dejó su ejemplo en el libro de (Marcos 4:35-41). Allí nos cuenta de la gran tormenta que atravesó junto a sus discípulos. Había estado predicando y sanando a las multitudes en esa región, pero era necesario pasar al otro lado del lago.

    “Al atardecer, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos al otro lado del lago». Así que dejaron a las multitudes y salieron con Jesús en la barca…” (Marcos 4:35) NTV

    Pronto se desató una gran tormenta y las olas entraban en la barca a tal punto que los discípulos, hombres experimentados en la navegación, tuvieron miedo de morir ahogados. Casi en estado de pánico y desesperación despertaron a Jesús a los gritos diciéndole: “¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?” (Marcos 4:38)

    “Cuando Jesús se despertó, reprendió al viento y dijo a las olas: «¡Silencio! ¡Cálmense!». De repente, el viento se detuvo y hubo una gran calma. Luego él les preguntó: «¿Por qué tienen miedo? ¿Todavía no tienen fe?». (Marcos 4:39-40) NTV

    Jesús se encargó de la crisis que atravesaron los discípulos, reprendió la tormenta y llegaron al otro lado, pero los discípulos se perdieron una gran oportunidad para poner en práctica todo lo que habían aprendido estando al lado de Jesús. Perdieron una oportunidad de crecimiento. El ya había dado la orden de pasar al otro lado y cuando Jesús suelta una palabra, esa orden cobra vida y se lleva a cabo.
    Si recibiste una palabra de parte de Dios y desde que eso sucedió no hiciste más que enfrentar vientos y tormentas, quiere decir que vas por buen camino. No te preocupes, no entres en pánico, no te paralices, reprende la tormenta y ordena a los vientos contrarios que se detengan, tu destino está del otro lado. Toda travesía, toda tormenta es temporal, va a pasar. Lo importante es aprovechar esos vientos contrarios para crecer en fe y en autoridad. Hay una lección que necesitas aprender de esa situación que estás atravesando, convierte los vientos contrarios en un trampolín que impulse tu vida a un nuevo nivel de fe.
    Lamentablemente muchos cristianos no llegan a cruzar al otro lado, enfrentan los vientos en sus propias fuerzas humanas y se desgastan remando contra la corriente. No logran vislumbrar el origen espiritual de las tormentas que atraviesan, dando lugar a la frustración y el cansancio.
    Jesús reconoció el origen espiritual de la tormenta y la reprendió con poder y autoridad. No se cuánto tiempo hace que estas luchando contra los mismos vientos en tu vida, ni la tormenta específica que estés atravesando, sólo se que no estás solo. Jesús está contigo en esa barca, y aquel que tiene poder y autoridad sobre todas las cosas está dentro tuyo respaldando tu fe y fortaleciéndote para cruzar al otro lado.
    Tiempo después, en el final de sus días en la Tierra, Jesús tuvo que atravesar la tormenta más grande de la historia. Llevaría sobre sus propios hombros el pecado del mundo. Cargaría sobre sí, la consecuencia de todos los pecados cometidos por el hombre desde el comienzo de la creación, hasta el final. Jesús entregó su propia vida como precio de rescate por amor a cada uno de nosotros. En las horas previas a su sacrificio en la cruz del calvario, luego de cenar por última vez con sus discípulos, Jesús dio su última batalla en el monte de lo Olivos.

    “Y se le apareció un ángel del cielo para fortalecerle. Y estando en agonía, oraba más intensamente; y era su sudor como grandes gotas de sangre que caían hasta la tierra.” (Lucas 22:43-44) RVR 1960

    Al enfrentar la peor de las tormentas, el hijo de Dios tomó un tiempo para orar y ser fortalecido. La oración y el conocer a Dios por medio de su Palabra es lo que nos fortalece. Sin ella, quedamos expuestos a debilidades y tentaciones. Sin ella, terminamos librando las batallas en nuestras propias fuerzas, remando contra la corriente hasta quedar exhaustos. La oración en fe mueve el cielo para que se desate lo sobrenatural de Dios aquí en la Tierra.

    Estas son algunas de las declaraciones en fe que hicieron grandes hombres de Dios al atravesar tormentas en su vida. Son promesas para nosotros, para nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos para siempre.

    MOISÉS:

    El Señor le respondió: —Yo mismo iré contigo, Moisés, y te daré descanso; todo te saldrá bien. (Éxodo 33:14) NTV

    NEHEMÍAS:

    ¡No se desalienten ni entristezcan, porque el gozo del Señor es su fuerza!” (Nehemías 8:10) NTV

    el rey DAVÍD:

    “En mi angustia oré al Señor, y el Señor me respondió y me liberó. El Señor está de mi parte, por tanto, no temeré. ¿Qué me puede hacer un simple mortal?” (Salmos 118:5-6) NTV

    “Te amo, Señor; tú eres mi fuerza. El Señor es mi roca, mi fortaleza y mi salvador; mi Dios es mi roca, en quien encuentro protección. Él es mi escudo, el poder que me salva y mi lugar seguro.” (Salmos 18:1-2) NTV

    ISAÍAS:

    “¿Acaso nunca han oído? ¿Nunca han entendido? El Señor es el Dios eterno, el Creador de toda la tierra. Él nunca se debilita ni se cansa; nadie puede medir la profundidad de su entendimiento. Él da poder a los indefensos y fortaleza a los débiles.” (Isaías 40:28-29) NTV

    “En cambio, los que confían en el Señor encontrarán nuevas fuerzas; volarán alto, como con alas de águila. Correrán y no se cansarán; caminarán y no desmayarán.” (Isaías 40:31) NTV

    el apóstol PABLO:

    “Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” (Filipenses 4:12-13) RVR 1960

  • DIOS, MI FORTALEZA

    DIOS, MI FORTALEZA

    DIOS, MI FORTALEZA

    Estamos comenzando el año y necesitamos renovar nuestras fuerzas para encarar los desafíos que tenemos por delante. Cuando el pueblo de Israel salió de Egípto rumbo a la tierra prometida, atravesó muchas dificultades a lo largo del desierto. Vivieron diferentes situaciones que pusieron a prueba el carácter, la voluntad y la fe de la nación. En cada una de esas situaciones Dios estuvo a su lado y reveló su corazón de Padre para con Israel: su amor, su acompañamiento, su paciencia, su justicia, su santidad, su misericorida y su perdón.
    El libro de Éxodo, capítulo 17 relata la primera batalla que Israel tuvo con los amalecitas. Este pueblo tenía por costumbre atacar sorpresivamente y por la retaguardia, dando muerte segura a los más indefensos. Los que primero morían eran aquellos que menos fuerzas tenían, quienes iban al final de la caravana: los ancianos, los niños, las mujeres, los enfermos y los heridos. Sin piedad alguna los amalecitas aniquilaban todo a su paso, lo que no sabían era que estaban luchando contra el pueblo de Dios, y quien tocaba a uno de ellos estaba enfrentando a Dios mismo.

    “Entonces el Señor le dijo a Moisés: «Pon esto por escrito en un rollo de cuero, para que se recuerde, y que lo oiga bien Josué: Yo borraré por completo, bajo el cielo, todo rastro de los amalecitas».” (Éxodo 17:14) NTV

    Quien quiera tocar tu vida toca a Dios, porque la protección de Dios está sobre ti. Eres propiedad suya.

    Esta es la promesa de Dios para tu vida:

    “Nadie podrá hacerte frente mientras vivas. Pues yo estaré contigo como estuve con Moisés. No te fallaré ni te abandonaré.” (Josué 1:5) NTV

    Hay 4 puntos que quiero destacar sobre Moisés al presentar batalla:

    1. Subió al monte a orar con dos personas: Moisés no enfrentó la batalla solo, buscó la compañía de dos personas más y juntos fueron a la cima del monte para orar. Usted tiene que tener un lugar donde estar a solas con Dios para librar sus batallas personales. Un monte propio, un lugar en su casa, donde Dios le otorgue sus mayores conquistas. Aquello que hagas en privado, Dios lo recompensará en público.
    2. Los brazos en alto: La respuesta a la batalla que estés librando viene de arriba. Desde la cima del monte la perspectiva cambia. Aquello que parecía enorme se ve pequeño, obtienes una visión integral de las cosas. “Mientras Moisés mantenía los brazos en alto, la batalla se inclinaba en favor de los israelitas; pero, cuando los bajaba, se inclinaba en favor de los amalecitas.” (Exodo 17:11) NTV
    3. Hermanos que te sostengan: Arón y Hur sostuvieron los brazos de Moisés. ¿Hay alguien que sostenga tus brazos cuando comienza a ganar el cansancio? La Iglesia brinda la ayuda y contención que tu vida necesita para no desfallecer en medio de la batalla. “Cuando a Moisés se le cansaron los brazos, tomaron una piedra y se la pusieron debajo para que se sentara en ella; luego Aarón y Hur le sostuvieron los brazos, uno el izquierdo y otro el derecho, y así Moisés pudo mantenerlos firmes hasta la puesta del sol. Fue así como Josué derrotó al ejército amalecita a filo de espada.” (Éxodo 17:12-13) NTV
    4. Jehová es mi estandarte: Él pelea por mí. Arriba de la cabeza de cada hijo de Dios hay una bandera de victoria, un estandarte que declara inmunidad y protección sobre tu vida. “Entonces Moisés edificó un altar en ese lugar y lo llamó Yahveh-nisi (que significa: el Señor es mi estandarte). Dijo: «Por cuanto han levantado su puño contra el trono del Señor, ahora el Señor estará en guerra con Amalec de generación en generación».” (Éxodo 17:15-16) RVR 1960
    Amalec atacaba a los más débiles, aquellos que se quedaban sin fuerzas y eran relegados en las últimas filas de la caravana. Para Dios no hay primeros ni últimos en sus filas, todos somos importantes. Cuando los amalecitas atacaron a los débiles y cansados de Israel, Dios lo tomó como una afrenta personal contra El mismo. Dios le dijo a Moisés: “Yo borraré por completo, bajo el cielo, todo rastro de los amalecitas.” Si colocas tu vida en las manos de Dios, y pones por obra sus mandamientos, Él peleará tus batallas. ¡Jehová es nuestro estandarte! ¡El es nuestra bandera de victoria!

    “Jehová derrotará a tus enemigos que se levantaren contra ti; por un camino saldrán contra ti, y por siete caminos huirán de delante de ti” (Deuteronomio 28:7) RVR 1960.