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LUCHANDO POR LA BENDICIÓN

Hay bendiciones en la vida que tenemos que pelearlas hasta conseguirlas, hay que lucharlas hasta que sean otorgadas. Otras, las recibimos por gracia y misericordia de Dios, no todas son iguales. La Biblia dice en el libro de Mateo, capítulo 7 versículo 7 y 8:

“Sigue pidiendo y recibirás lo que pides; sigue buscando y encontrarás; sigue llamando, y la puerta se te abrirá. Pues todo el que pide, recibe; todo el que busca, encuentra; y a todo el que llama, se le abrirá la puerta.” NTV

Algunas bendiciones se conquistan, no llegan solas porque sí. Cuando usted vea a un hombre de Dios, a una mujer bendecida, verá los frutos de su trabajo, la cosecha de años de esfuerzo y dedicación. Detrás de toda persona bendecida hay muchas batallas ganadas en soledad, noches enteras sin dormir buscando el rostro de Dios, venciendo debilidades propias, conquistando temores que los atormentaban.
Uno de los personajes bíblicos emblemáticos que mejor grafican este punto en la Biblia es Jacob. Pagó un precio muy alto para obtener de manera fraudulenta la bendición de su padre. Tuvo que sufrir el destierro, escapando a tierras lejanas donde trabajó durante veinte años para su suegro Labán. A lo largo de todo ese tiempo el carácter y la persona de Jacob fueron trabajados por Dios. Vivió en carne propia el fruto de su engaño, y aprendió la diferencia entre cosechar bendiciones y maldiciones en su vida.
Llegó el momento de volver a la casa de su padre, y allí estaría esperándolo su hermano Esaú, a quien Jacob le había robado la bendicion veinte años atrás. Seguramente esperaba lo peor de ese encuentro, motivo por el cual envió mensajeros con regalos delante suyo anticipando su llegada, esperando de esa manera templar los ánimos de venganza de su hermano.
Cuando los mensajeron volvieron transmitieron este mensaje a Jacob:

“Nos encontramos con su hermano Esaú y ya viene en camino a su encuentro, ¡con un ejército de cuatrocientos hombres!” (Génesis 32:6) NTV

Hay una ley espiritual universal y eterna establecida por Dios, la ley de la siembra y la cosecha. Jacob había aprendido esto trabajando para su suegro. Trabajó siete largos años para poder casarse con la mujer que amaba y el día de la boda, su suegro lo engaña entregándole a su hija mayor. Tuvo que trabajar siete años más para poder casarse con la hija menor.
Jacob vivía una vida prestada, con bendiciones que no eran de él, las había robado a su hermano y su padre por medio del engaño. Aquel que no tiene una bendición legítima, todo le cuesta el doble. Dios estaba trabajando en su corazón, el sabía que de alguna manera todo lo que estaba viviendo era la cosecha de su mala siembra del pasado. La lección que Jacob aún no conocía y estaba por conocer era la gracia inmerecida de Dios.

“Entonces Jacob se quedó solo en el campamento, y llegó un hombre y luchó con él hasta el amanecer.” (Génesis 32:24) NTV

¿Cuántas noches de angustia hemos vivido? Sin poder dormir, dando vueltas en la cama, peleando con la almohada, o despiertos solos en algún rincón de la casa buscando a Dios en oración, pidiendo a gritos su intervención. Nuestra lucha no es con la vida, tampoco es contra las personas que nos rodean. Nuestra verdadera lucha es con nuestro interior, con el viejo hombre que se niega a ser transformado. Hable con Dios, abra su corazón para ser moldeado por el. La bendición de Dios viene como consecuencia de un corazón dispuesto a ser cambiado.

Luego el hombre le dijo: —¡Déjame ir, pues ya amanece! —No te dejaré ir a menos que me bendigas —le dijo Jacob. —¿Cómo te llamas? —preguntó el hombre. —Jacob —contestó él. —Tu nombre ya no será Jacob —le dijo el hombre—. De ahora en adelante, serás llamado Israel, porque has luchado con Dios y con los hombres, y has vencido. (Génesis 32:26-28) NTV

Jacob fue mudado en su interior. Su nombre cambió, su corazón cambió, a partir de ese momento fue llamado Israel. Cuando Dios toca tu vida te cambia para siempre, por dentro y por fuera.

Y llamó Jacob el nombre de aquel lugar, Peniel; porque dijo: Vi a Dios cara a cara, y fue librada mi alma. (Génesis 32:30) RVR 1960

Luego de haber recibido la bendición de Dios, el sol salió para Israel. Comenzó un nuevo día, una nueva vida en Dios. La gracia de Dios había alcanzado su vida, Jacob era un hombre nuevo, su alma fue librada.
Israel alzó sus ojos y vió a su hermano Esaú acercándose junto a cuatrocientos guerreros.

“Entonces Esaú corrió a su encuentro y lo abrazó, puso los brazos alrededor de su cuello y lo besó. Y ambos lloraron.” (Génesis 33:4) NTV

Hay una nueva mañana para tu vida, un nuevo día esperando ser vivido para todo aquel que se deja moldear por Dios. Cuando sale el sol de justicia toda tiniebla se desvanece. Nace un nuevo día tomados de la mano de Dios, nuestra esperanza eterna.