Categoría: Mensajes

  • LA FE VICTORIOSA

    LA FE VICTORIOSA

    LA FE VICTORIOSA

    (Marcos 9:14-29)
    En una oportunidad Jesús encontró a sus discípulos discutiendo en la multitud con algunos maestros de la ley religiosa. Había entre ellos un joven poseído por un espíritu maligno que le provocaba convulsiones, sordera y mudez. Era un espíritu que estaba consumiendo la vida del joven, en ocasiones también lo arrojaba al fuego y otras veces al agua para quitarle la vida. Los discípulos de Jesús habían intentado liberarlo, pero no pudieron.
    El padre del joven le dijo a Jesús:

    “Ten misericordia de nosotros y ayúdanos si puedes. —¿Cómo que “si puedo”? —preguntó Jesús—. Todo es posible si uno cree.” (Marcos 9:22-23) NTV

    La duda es el principal enemigo de la fe. Aquel que cree en Dios no se apoya en las probabilidades ni en las circunstancias. Nuestra fe está cimentada sobre la roca firme, Cristo Jesús quien venció al pecado, al mundo, a la muerte y está hoy sentado a la diestra del Padre triunfante y victorioso. Su gran amor por nosotros es el respaldo de nuestra fe. Su poder es ilimitado, su dominio es eterno. Nuestra fe es victoriosa porque no conoce derrota. No hay nada imposible para aquel que pone su fe en Dios.
    Jesús reprendió al espíritu inmundo que estaba dentro del joven utilizando su fe y el poder de su palabra. Al instante el espíritu maligno salió y el joven quedó sano. Ése es el poder de la fe victoriosa. Puede deshacer toda obra del infierno, todo plan de muerte. Aquello que al enemigo le toma años construir en tu contra, puede ser deshecho en un instante a través de la fe y el poder la palabra.
    Cuando creemos la Palabra de Dios y ponemos por obra sus mandamientos, algo sobrenatural sucede. Todo lo creado, tanto lo visible como lo invisible debe sujetarse a la palabra de su Creador. La Palabra de Dios es eterna. Su poder no disminuye con el paso del tiempo, sigue siendo efectiva por todas las generaciones. Ella permanece y continúa haciendo la obra por la cual fue enviada.

    “Y estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán.” (Marcos 16:17-18) RVR

    Jesús reprendió demonios, sanó a los enfermos y liberó a los oprimidos. Estas son las señales que siguen a una iglesia victoriosa, una iglesia que se mueve en amor, en fe y en milagros. Como hijos de Dios y representantes del reino de los cielos en la Tierra, tenemos poder y autoridad para liberar a los oprimidos, para deshacer toda obra de maldad, y para transformar vidas por medio de la fe victoriosa en Jesucristo.
  • EL PERDÓN DIVINO

    EL PERDÓN DIVINO

    EL PERDÓN DIVINO

    (Jonás 1:1-17)
    El libro de Jonás cuenta la historia de un profeta fugitivo, que intentó escapar de la presencia de Dios huyendo al punto más remoto posible. El mandato de Dios era simple:

    “Levántate y ve a la gran ciudad de Nínive. Pronuncia mi juicio contra ella, porque he visto lo perversa que es su gente.” (Jonás 1:2) NTV

    El pecado de la ciudad era tan grande, que había subido hasta la presencia de Dios reclamando un juicio divino. Jonás sabía que Dios es clemente y compasivo, grande en misericordia, y como deseaba el castigo de la ciudad decidió huir en dirección opuesta a su llamado.

    “Ahora bien, el Señor mandó un poderoso viento sobre el mar, el cual desató una violenta tempestad que amenazaba con despedazar el barco.” (Jonás 1:4) NTV

    Cuando huyes de Dios, la tormenta te persigue. No hay escapatoria para aquel que sabiendo hacer lo bueno, elige hacer lo malo. La desobediencia desata la tormenta, la rebelión se paga con crisis.

    “Como la tormenta seguía empeorando, le preguntaron: —¿Qué debemos hacer contigo para detener esta tempestad? —Échenme al mar —contestó Jonás— y volverá la calma. Yo sé que soy el único culpable de esta terrible tormenta.” (Jonás 1:11-12) NTV

    ¿Está atravesando alguna tormenta en su vida? ¿Siente que hay vientos contrarios que le impiden avanzar y ponen en riesgo todos sus planes? Pruebe con obedecer a Dios. En la obediencia está la recompensa. La Biblia dice que en el instante en que los marineros arrojaron a Jonás al agua, la tormenta se detuvo.

    La obediencia detiene la tormenta.

    El relato es fascinante. El libro de Jonás cuenta que Dios tenía preparado un gran pez para tragarse a Jonás. El profeta pasó tres días y tres noches dentro del vientre. Finalmente, en medio de la oscuridad absoluta, oliendo a pescado podrido y sumergido en los ácidos estomacales de ese gran pez, el profeta buscó el rostro del Señor y se arrepintió.

    “Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde el interior del pez y dijo: «En mi gran aflicción clamé al Señor y él me respondió. Desde la tierra de los muertos te llamé, ¡y tú, Señor, me escuchaste!” (Jonás 2:1-2) NTV

    El gran pez expulsó a Jonás de su vientre, lo devolvió a la costa y el profeta cumplió su propósito. Anunció el juicio de Dios y el llamado al arrepentimiento. La ciudad entera fue conmovida. Todos, desde el rey hasta la persona más pequeña y aún los animales hicieron ayuno, se arrepintieron de su mala manera de vivir y buscaron el rostro de Dios.
    El juicio divino fue suspendido. Aún a pesar de la multitud de sus errores, a pesar de sus muchos pecados, el arrepentimiento abrió paso a la misericordia divina y ninguno pereció.

    El arrepentimiento sumado a la obediencia y al cambio de actitud, da lugar a la misericordia divina. Es el plan de Dios que ninguno perezca. Allí donde abunda el pecado, también abunda la gracia.

    “pero mientras más pecaba la gente, más abundaba la gracia maravillosa de Dios. Entonces, así como el pecado reinó sobre todos y los llevó a la muerte, ahora reina en cambio la gracia maravillosa de Dios, la cual nos pone en la relación correcta con él y nos da como resultado la vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor.” (Romanos 5:20-21) NTV

  • TU FE SERÁ PROBADA

    TU FE SERÁ PROBADA

    TU FE SERÁ PROBADA

    (Génesis 22:1-18)
    El cambio es algo inevitable en la vida. Toda la creación se rige por tiempos, estaciones y ciclos. Lo mismo sucede con el ser humano. Desde el momento en que el hombre nace hasta el momento en que muere, su cuerpo sufre cambios constantes. Aún así, al ser humano le cuesta adaptarse a los cambios. Por lo general no son bien recibidos. Todo aquello que mueve al hombre de su zona de confort le provoca inseguridad, ansiedad y temor.

    “Pues Dios no nos ha dado un espíritu de temor y timidez sino de poder, amor y autodisciplina.” (2 Timoteo 1:7) NTV

    Cuando hablamos de fe, no podemos dejar de mencionar la historia de Abraham. La Biblia lo llama “el padre de la fe”. Su recompensa fue grande porque Abraham no sólo creyó a Dios, sino que además le obedeció, aún cuando todas las circunstancias a su alrededor decían lo contrario.
    La fe de Abraham fue probada, una y otra vez. Pero en cada desafío, Abraham crecía en conocimiento de Dios y en autoridad. En la soledad de la prueba se desarrolla nuestro carácter, allí aprendemos a confiar en el amor eterno de Dios por nosotros y conocemos su fidelidad.
    Cuando Abraham tenía 75 años Dios le prometió que le daría un hijo. Pasaron diez años y la promesa no se cumplía. Pasaron diez años más, Abraham ya tenía 95 años y la promesa seguía sin cumplirse. Pasaron 25 años desde que Dios le hizo la promesa hasta su cumplimiento. A los 100 años, Abraham y su mujer estéril de 90 años tuvieron a Isaac.

    Cuando Dios promete algo, lo cumple. No importa el tiempo natural que tome el cumplimiento de su promesa. Si Dios prometió algo, esa promesa se cumplirá.

    Dios probó la fe y la obediencia de Abraham pidiéndole que sacrifique aquello que más amaba. A veces las pruebas pueden parecer crueles, hasta ilógicas, pero debemos aprender a confiar en el amor eterno de Dios por nosotros. Para cada prueba, para cada situación que te toque atravesar, hay un propósito mayor.

    —¡No pongas tu mano sobre el muchacho! —dijo el ángel—. No le hagas ningún daño, porque ahora sé que de verdad temes a Dios. No me has negado ni siquiera a tu hijo, tu único hijo. (Génesis 22:12) NTV

    Abraham se dio vuelta y a sus espaldas estaba la provisión de Dios para el sacrificio. Para los hijos de Dios la respuesta ante la crisis e incertidumbre es: “Jehová-Jireh”: Dios proveerá. Los tesoros del cielo están abiertos para los hijos del Señor. El proveerá en abundancia, sus recursos no tienen límite.
    Todo aquello que se presente en tu vida como un desafío, es una oportunidad única para obedecer y poner tu fe en obra. Todos somos probados, pero no todos pasamos la prueba. La obediencia de Abraham tuvo su recompensa. Por medio de él fueron benditas todas las naciones de la tierra.

    “El Señor dice: Ya que me has obedecido y no me has negado ni siquiera a tu hijo, tu único hijo, juro por mi nombre que ciertamente te bendeciré” (Génesis 22:16) NTV

    El amor de Dios por nosotros es tan grande e incomprensible, que no negó ni siquiera a su único hijo. Nos amó de tal manera, que entregó su vida para salvarnos. Ése es el amor que nos fortalece en medio de la prueba, ése es el ancla que nos mantiene firmes en medio de la incertidumbre.

    “Pues Dios amó tanto al mundo que dio a su único Hijo, para que todo el que crea en él no se pierda, sino que tenga vida eterna.” (Juan 3:16) NTV

  • LA FE DESATA LA GLORIA DE DIOS

    LA FE DESATA LA GLORIA DE DIOS

    LA FE DESATA LA GLORIA DE DIOS

    “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” (Marcos 9:23) RVR

    La fe es el combustible que Dios utiliza para movilizar el reino de los cielos en favor de sus hijos. Todo es posible para aquel que tiene fe.

    En una oportunidad, un amigo de Jesús falleció. Su nombre era Lázaro, llevaba cuatro días muerto cuando Jesús llegó hasta el lugar donde lo habían sepultado.

    “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” (San Juan 11:25) RVR

    Las hermanas de Lázaro cuestionaron a Jesús, le dijeron que había llegado demasiado tarde, pero Dios nunca llega tarde. Para toda situación en la vida, para cualquier adversidad, Dios tiene una salida. Él quiere que cambiemos nuestra manera de pensar. Necesitamos entender que para Dios no hay nada imposible.

    “Corran la piedra a un lado, les dijo Jesús.” (San Juan 11:39) NTV

    El Apóstol Pablo nos enseña en el libro a los Hebreos que “Sin fe, es imposible agradar a Dios.” Es la fe puesta en acción lo que permite que la gloria de Dios se manifieste en nuestras vidas.
    La piedra frente a la tumba simboliza todo aquello que se interpone entre tu necesidad y el milagro. Correr la piedra a un lado, requiere un esfuerzo de nuestra parte. Debemos esforzarnos y accionar en fe conforme a la Palabra de Dios.

    Entonces Jesús gritó: «¡Lázaro, sal de ahí!». Y el muerto salió de la tumba con las manos y los pies envueltos con vendas de entierro y la cabeza enrollada en un lienzo. Jesús les dijo: «¡Quítenle las vendas y déjenlo ir!». (San Juan 11:43-44) NTV

    Todo aquello que esté muerto en tu interior, lo que resulta imposible para el hombre revivir, Dios quiere traerlo a la vida nuevamente. ¡Él es la resurrección y la vida! Si pones a Jesús frente a tu sepulcro, aquello que estaba muerto vivirá.

  • LA FE DESATA LA GLORIA DE DIOS

    LA FE DESATA LA GLORIA DE DIOS

    LA FE DESATA LA GLORIA DE DIOS

    “Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo le es posible.” (Marcos 9:23) RVR

    La fe es el combustible que Dios utiliza para movilizar el reino de los cielos en favor de sus hijos. Todo es posible para aquel que tiene fe.

    En una oportunidad, un amigo de Jesús falleció. Su nombre era Lázaro, llevaba cuatro días muerto cuando Jesús llegó hasta el lugar donde lo habían sepultado.

    “Le dijo Jesús: Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá.” (San Juan 11:25) RVR

    Las hermanas de Lázaro cuestionaron a Jesús, le dijeron que había llegado demasiado tarde, pero Dios nunca llega tarde. Para toda situación en la vida, para cualquier adversidad, Dios tiene una salida. Él quiere que cambiemos nuestra manera de pensar. Necesitamos entender que para Dios no hay nada imposible.

    “Corran la piedra a un lado, les dijo Jesús.” (San Juan 11:39) NTV

    El Apóstol Pablo nos enseña en el libro a los Hebreos que “Sin fe, es imposible agradar a Dios.” Es la fe puesta en acción lo que permite que la gloria de Dios se manifieste en nuestras vidas.
    La piedra frente a la tumba simboliza todo aquello que se interpone entre tu necesidad y el milagro. Correr la piedra a un lado, requiere un esfuerzo de nuestra parte. Debemos esforzarnos y accionar en fe conforme a la Palabra de Dios.

    Entonces Jesús gritó: «¡Lázaro, sal de ahí!». Y el muerto salió de la tumba con las manos y los pies envueltos con vendas de entierro y la cabeza enrollada en un lienzo. Jesús les dijo: «¡Quítenle las vendas y déjenlo ir!». (San Juan 11:43-44) NTV

    Todo aquello que esté muerto en tu interior, lo que resulta imposible para el hombre revivir, Dios quiere traerlo a la vida nuevamente. ¡Él es la resurrección y la vida! Si pones a Jesús frente a tu sepulcro, aquello que estaba muerto vivirá.

  • EL PODER RESTAURADOR DEL PERDÓN

    EL PODER RESTAURADOR DEL PERDÓN

     

    EL PODER RESTAURADOR DEL PERDÓN

    Toda persona que haya vivido cierta cantidad de años puede asegurar que a lo largo de la vida, en algún momento, tarde o temprano tocará vivir alguna gran desilusión. Situaciones injustas que no merecemos, gente a quien le hemos hecho bien y sin embargo deciden hacernos mal. Momentos como esos suelen despertar un enojo que nos impulsa a querer tomar la situación en nuestras manos para realizar por medio de nuestras fuerzas aquello que creemos justo. Casi como si de repente nos convirtiéramos en una especie de “superhéroe divino”, nos creemos con derecho celestial para ejecutar por nuestros medios todo aquello que creemos justo.

    “No paguen a nadie mal por mal. Procuren hacer lo bueno delante de todos. Hasta donde dependa de ustedes, hagan cuanto puedan por vivir en paz con todos.” (Romanos 12:17-18) DHH

    Hay sobrados ejemplos en la Biblia de las nefastas consecuencias que acarrea la venganza. Incluso David, en una oportunidad estuvo a punto de arrasar con todos los hombres de una hacienda por el mal que le había hecho su propietario. Podemos leer la historia completa en (1 Samuel 25:1-35). La Biblia cuenta que David ya estaba en camino junto con sus soldados, cuando en el camino se interpuso una mujer sabia, Abigail. Esta mujer, esposa del hombre que ofendió a David y sus hombres, con sus palabras y su buen juicio logró frenar el enojo de David evitando la masacre que se venía sobre su hogar. Abigail hizo todo lo que dependía de ella para alcanzar la paz. No se permitió ser víctima de las circunstancias. Aún sin haber sido ella la que había cometido la falta, tomó el lugar de su marido y pidió perdón. Pero esta mujer no fue solo con palabras, el pedido de perdón fue acompañado de hechos, acciones concretas dirigidas a reparar aquello que su marido había dañado.

    “David le respondió a Abigail: —¡Alabado sea el Señor, Dios de Israel, quien hoy te ha enviado a mi encuentro! ¡Gracias a Dios por tu buen juicio! Bendita seas, pues me has impedido matar y llevar a cabo mi venganza con mis propias manos.” (1 Samuel 25:32-33) NTV

    El pedido de perdón de Abigail frenó el juicio que venía sobre su casa, impidió que David pecara, y restituyó todo lo que se había dañado. En otras palabras, el perdón volvió las cosas a la situación previa, anterior a la ofensa de su marido.

    El poder restaurador del perdón vuelve las cosas a su estado original, restituye lo que se perdió y sana las relaciones.

    ¿Quiere saber cómo termina la historia? ¿Que sucedió con el marido de Abigail después que David y sus hombres se retiraron sin llevar a cabo la venganza? Los invito a leer el final de esta historia de película en (1 Samuel 25:35-42). Sólo me animo a adelantarle que el destino que Dios tiene preparado para nosotros es mejor de lo que imaginamos…

    “Yo tomaré venganza; yo les pagaré lo que se merecen. A su debido tiempo, sus pies resbalarán. Les llegará el día de la calamidad, y su destino los alcanzará”. (Deuteronomio 32:35) NTV

  • EL PERDÓN DIVINO

    EL PERDÓN DIVINO

    EL PERDÓN DIVINO

    (Jonás 1:1-17)
    El libro de Jonás cuenta la historia de un profeta fugitivo, que intentó escapar de la presencia de Dios huyendo al punto más remoto posible. El mandato de Dios era simple:

    “Levántate y ve a la gran ciudad de Nínive. Pronuncia mi juicio contra ella, porque he visto lo perversa que es su gente.” (Jonás 1:2) NTV

    El pecado de la ciudad era tan grande, que había subido hasta la presencia de Dios reclamando un juicio divino. Jonás sabía que Dios es clemente y compasivo, grande en misericordia, y como deseaba el castigo de la ciudad decidió huir en dirección opuesta a su llamado.

    “Ahora bien, el Señor mandó un poderoso viento sobre el mar, el cual desató una violenta tempestad que amenazaba con despedazar el barco.” (Jonás 1:4) NTV

    Cuando huyes de Dios, la tormenta te persigue. No hay escapatoria para aquel que sabiendo hacer lo bueno, elige hacer lo malo. La desobediencia desata la tormenta, la rebelión se paga con crisis.

    “Como la tormenta seguía empeorando, le preguntaron: —¿Qué debemos hacer contigo para detener esta tempestad? —Échenme al mar —contestó Jonás— y volverá la calma. Yo sé que soy el único culpable de esta terrible tormenta.” (Jonás 1:11-12) NTV

    ¿Está atravesando alguna tormenta en su vida? ¿Siente que hay vientos contrarios que le impiden avanzar y ponen en riesgo todos sus planes? Pruebe con obedecer a Dios. En la obediencia está la recompensa. La Biblia dice que en el instante en que los marineros arrojaron a Jonás al agua, la tormenta se detuvo.

    La obediencia detiene la tormenta.

    El relato es fascinante. El libro de Jonás cuenta que Dios tenía preparado un gran pez para tragarse a Jonás. El profeta pasó tres días y tres noches dentro del vientre. Finalmente, en medio de la oscuridad absoluta, oliendo a pescado podrido y sumergido en los ácidos estomacales de ese gran pez, el profeta buscó el rostro del Señor y se arrepintió.

    “Entonces Jonás oró al Señor su Dios desde el interior del pez y dijo: «En mi gran aflicción clamé al Señor y él me respondió. Desde la tierra de los muertos te llamé, ¡y tú, Señor, me escuchaste!” (Jonás 2:1-2) NTV

    El gran pez expulsó a Jonás de su vientre, lo devolvió a la costa y el profeta cumplió su propósito. Anunció el juicio de Dios y el llamado al arrepentimiento. La ciudad entera fue conmovida. Todos, desde el rey hasta la persona más pequeña y aún los animales hicieron ayuno, se arrepintieron de su mala manera de vivir y buscaron el rostro de Dios.
    El juicio divino fue suspendido. Aún a pesar de la multitud de sus errores, a pesar de sus muchos pecados, el arrepentimiento abrió paso a la misericordia divina y ninguno pereció.

    El arrepentimiento sumado a la obediencia y al cambio de actitud, da lugar a la misericordia divina. Es el plan de Dios que ninguno perezca. Allí donde abunda el pecado, también abunda la gracia.

    “pero mientras más pecaba la gente, más abundaba la gracia maravillosa de Dios. Entonces, así como el pecado reinó sobre todos y los llevó a la muerte, ahora reina en cambio la gracia maravillosa de Dios, la cual nos pone en la relación correcta con él y nos da como resultado la vida eterna por medio de Jesucristo nuestro Señor.” (Romanos 5:20-21) NTV

  • EL PODER DEL PERDÓN

    EL PODER DEL PERDÓN

    EL PODER DEL PERDÓN

    Muchas veces la gente me pregunta: Pastor, ¿Cómo hago para perdonar a quién no siento de hacerlo? Para responder esta pregunta, primero debemos comprender ¿qué es el perdón?
    Perdonar es un acto voluntario (no basado en los sentimientos ni en las emociones), por medio del cual una persona decide liberar a aquel que lo ha ofendido. En otras palabras, cuando decidimos perdonar, estamos cancelando la deuda pendiente que alguien tiene con nosotros. No significa necesariamente que hayamos olvidado lo sucedido, significa que podemos recordar lo qué pasó sin amargura ni dolor, sin heridas abiertas.
    Por el contrario aquellas personas que deciden no perdonar, viven atadas al pasado. Arrastran lo sucedido a su presente cotidiano, convirtiendo la ofensa en una prisión invisible que los acompaña a donde van.

    “y perdónanos nuestros pecados, así como hemos perdonado a los que pecan contra nosotros.” (‭‭Mateo‬ ‭6:12‬) ‭NTV‬‬

    Perdonar a los demás es una condición para ser perdonados. No podemos recibir perdón del cielo si primeramente no estamos dispuestos a hacer lo mismo por los demás. La falta de perdón nos roba la paz, genera ansiedad, temores, angustia y depresión. Por el contrario perdonar libera, trae sanidad, salud, restauración, paz y descanso. ‭‭

    “¡El fiel amor del SEÑOR nunca se acaba! Sus misericordias jamás terminan. Grande es su fidelidad; sus misericordias son nuevas cada mañana.” (‭‭Lamentaciones‬ ‭3:22-23‬) ‭NTV‬‬

    El perdón tiene poder para sanar el pasado, liberar el presente y dirigir tu vida hacia un futuro de bendición.

  • LAS TEMPORADAS DE DIOS

    LAS TEMPORADAS DE DIOS

     

    LAS TEMPORADAS DE DIOS

    “Hay una temporada para todo, un tiempo para cada actividad bajo el cielo.” (Eclesiastés 3:1) NTV

    Dentro de cada uno de nosotros hay una semilla divina, lista para germinar y dar fruto en un momento específico de la vida, en el cual llevaremos a cabo un plan de parte de Dios que nadie más puede lograr.

    “Dios lo hizo todo hermoso para el momento apropiado. Él sembró la eternidad en el corazón humano” (Eclesiastés 3:11) NTV

    El rey Salomón nos enseña en el libro de Eclesiastés que hay un tiempo específico para cada cosa en la vida. Tenemos la responsabilidad de tratar de comprender cuál es el momento de la vida que estamos viviendo, y que tarea específica debemos realizar.

    “Un tiempo para nacer y un tiempo para morir. Un tiempo para sembrar y un tiempo para cosechar.” (Eclesiastés 3:2) NTV

    Las temporadas de Dios son un tiempo especial en el que Dios visita la vida de sus hijos para activar una semilla eterna que fue colocada dentro nuestro antes de nacer. En las temporadas divinas, Dios obra de manera sobrenatural para que sus propósitos se lleven a cabo, y aquello que podía tardar meses o años, Dios lo resuelve en un instante.
    La Biblia ofrece muchos ejemplos acerca de esta enseñanza. José fue un hombre que supo comprender las temporadas de Dios en su vida y se puso en sintonía con Él para explotar al máximo su potencial. Sus hermanos lo vendieron como esclavo a unos comerciantes, pero la mano de Dios jamás se apartó de su lado. Todo aquello que el enemigo planifique en tu contra, Dios lo utilizará para bien. José fue nombrado Gobernador de Egipto. Su habilidad para administrar salvó a toda una nación de la hambruna, y protegió la descendencia de Israel. NADA SE ESCAPA DE LOS PLANES DE DIOS. SUS PROPÓSITOS PERMANECEN PARA SIEMPRE.
    David fue otro hombre que entendió las temporadas de Dios en su vida y supo aprovecharlas. Fue relegado al cuidado de las ovejas mientras sus hermanos servían en el ejército del rey. Dios utilizó esas largas horas que pasaba solo en el campo para prepararlo. David protegía a las ovejas del ataque de los osos y los leones con su honda. Seguramente no se imaginaba que un día ése mismo elemento que utilizaba para defender el ganado, le serviría para derrotar al guerrero más temido de la época, el temible gigante Goliat. Su ascenso al poder después de esa batalla fue meteórico. En un sólo día su vida cambió para siempre. Se casó con la hija del rey, su familia quedó exenta del pago de impuestos para siempre, se convirtió en uno de los jefes del ejército y posteriormente cuando Saúl murió se convirtió en el rey de Israel. NADA PUEDE DETENER LO QUE DIOS PLANIFICÓ PARA TU VIDA. No importa lo que piensen los demás, no importa lo que diga tu entorno, tus amigos, ni tu familia. Cuando el Creador del universo sopla a tu favor, la victoria está garantizada.
    Hay tres características que se repiten en la Biblia cuando estudiamos las temporadas de Dios. Todos los grandes hombres de Dios pasan por estas tres etapas:
    1. Tiempo de visitación: Puede ser en el fondo de un pozo, en medio de la angustia como le sucedió a José mientras sus hermanos lo vendían como esclavo a unos mercaderes. Puede ser en la soledad de las montañas como le sucedió a David mientras hacía un trabajo sin mayor trascendencia, o quizás sea necesario que Jesús te “baje del caballo” como le sucedió a Saulo de Tarso. ¿Estás dispuesto a sintonizar la frecuencia divina para despertar la semilla eterna sembrada en tu interior?
    2. Una nueva visión – Preparación: En el caso de Saulo de Tarso esto fue literal, quedó ciego luego del encuentro con Jesús hasta que Ananías oró por el y la vista le fue restablecida. Junto con la visitación y el despertar de lo eterno en tu interior, Dios pondrá una nueva visión para llevar adelante su propósito.
    3. Búsqueda personal: Si hay algo que caracteriza a todos los hombres de Dios, es el deseo por pasar tiempo en la presencia de Dios. Cuando uno se encuentra con lo divino entiende que “es mejor pasar un día en su presencia que mil fuera de ellos…” (Salmos 84:10). Es en la presencia de Dios donde el ser humano encuentra la plenitud de todas las cosas, el tiempo se detiene y lo imposible se vuelve realidad.

    Querido hermano, amada iglesia, de nada sirve pasar por esta vida sin descubrir el propósito por el cual hemos nacido. Algo eterno de parte del cielo fue sembrado en nuestro interior antes de nacer. Esa semilla espera que usted se ponga de acuerdo con el cielo para ser activada por Dios y rendir el máximo de su potencial. La temporada de visitación divina viene a tu vida. ¿Estas preparado?

  • LA FUNCIÓN DEL PADRE

    LA FUNCIÓN DEL PADRE

     

    LA FUNCIÓN DEL PADRE

    ¿Qué significa ser padre? Para el cristiano la palabra “padre” tiene una connotación muy profunda, ya que es imposible pronunciarla sin pensar al mismo tiempo en nuestro Padre celestial, en su amor, su carácter, su paciencia, su misericordia, su manera de tratar con nosotros. En arameo, el idioma que hablaba Jesús, la palabra padre significa: fuente. Dios es nuestro origen y nuestro destino, el comienzo y el final de todas las cosas.

    “Mas a cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, les dio el derecho de ser hijos de Dios.” (1 Juan 1:12) NVI

    Nuestra identidad está en Dios. El nos hizo a su imagen y semejanza. Recibimos la vida gracias a El y cuando terminen nuestros días aquí en la tierra también volveremos a El. Si la divinidad de Dios mora dentro nuestro y por medio de Jesucristo somos más que vencedores, entonces nuestro potencial no tiene límites. El mismo Dios que sopló vida dentro nuestro es el que también nos equipó con todo lo necesario para alcanzar nuestro propósito.

    “pues Dios es quien produce en ustedes tanto el querer como el hacer para que se cumpla su buena voluntad.” (Filipenses 2:13) NVI

    El Cristiano conoce 3 tipos de padres a lo largo de la vida: el padre biológico que lo trajo a la vida, el padre espiritual que lo nutre y alimenta para crecer en su vida cristiana, y el Padre celestial, Dios. Cada uno de estos padres cumple una función diferente. El padre biológico es una fuente de recursos para su hijo, suple necesidades tanto materiales como emocionales. Un buen padre guía, corrige y disciplina a su hijo. Es responsable tanto de su cuidado, como de su desarrollo. El padre espiritual se encarga de nutrir el espíritu, es misericordioso, humilde, buen consejero y lleno del Espíritu Santo.
    Por último nuestro Padre celestial es quien nos conoció aún antes de traernos a la vida. Es quien nos amó, de tal manera que entregó la vida de su propio Hijo para salvarnos y darnos vida eterna. Él es nuestro sanador, nuestro refugio, es el Dios Todopoderoso, quien nos bendice y nos corona de favores y misericordia.

    “—Te conocía aun antes de haberte formado en el vientre de tu madre; antes de que nacieras, te aparté y te nombré mi profeta a las naciones.” (Jeremías 1:5) NTV

    El Espíritu de Dios vive dentro nuestro. Su poder creativo está dentro de nuestro ADN. Tomados de su mano no hay nada que no podamos lograr. Fuimos creados con un potencial sin límites. Anímate a enfrentar los desafíos que tienes por delante. Tu Padre celestial, el Dios creador, el origen y la fuente de todas las cosas, el Alfa y Omega, el Principio y el Fin, está a tu lado y te creó en esta generación para que cumplas tu destino.

    “Y porque sois hijos, Dios ha enviado el Espíritu de su Hijo a nuestros corazones, clamando: ¡Abba! ¡Padre! Por tanto, ya no eres siervo, sino hijo; y si hijo, también heredero por medio de Dios.” (Gálatas 4:6-7)